Amo a Teresa pero no soporto la asiduidad de Teresa. Tan dulce, tan cansada, tan humana, tan mujer, tan afiebrada (…). Volvió de Roma su hermano Piero, al que conociste, estudiante de derecho. Y volvió sólido y hermoso y dulce, endiabladamente fogoso, y se ha hecho mi amigo. Dormir con Pierino –lo he descubierto– me devuelve a las íntimas libertades de mi juventud (…). Pero Pierino no sólo me ha devuelto, otra vez, al amor de los camaradas. Me ha descubierto (los extranjeros nunca caemos en las evidencias) que Italia no es un país libre. Sometido a los austriacos y al Papa, muchos sueñan en la realidad revolucionaria de un país diferente. Pierino Gamba está entre ellos. No te puedo contar las reuniones secretas a las que hemos acudido juntos, bajo el aprecio del conde Ruggiero, su padre. ¿La libertad de Italia podrá sacarme del tedio, unirse unánime a las alegrías del amor? Siempre he necesitado algo. Nunca he sabido el qué, y tampoco lo sé ahora. Perdido en el mundo, Lily, grito y no soy oído. ¿No merecemos todos, mi adorable, dejar de gritar?

[Luis Antonio de Villena, El burdel de Lord Byron, Planeta, Barcelona, 1995, p. 197.]

La identidad posmoderna I y II