–Quiero una criatura de sexo femenino tan horrible como yo. Creo que es lo menos que puedo pedir, y con ser tan poca cosa, bastará para satisfacerme. Es verdad que seremos dos monstruos, dos criaturas difererentes al resto de la humanidad, pero es esa característica precisamente lo que constituirá el lazo que nos unirá. Nuestras vidas tal vez no sean tan felices como las de otro ser normal, pero te aseguro que tendremos una convivencia inofensiva, muy lejos del padecimiento que hoy por hoy no deja de atormentarme día a día. Únicamente tú, mi creador, puedes complacer mi deseo, que no es otra cosa que liberar tu propia conciencia del horror que tú mismo has creado. Es realmente lo único que te podría agradecer. ¡Haz que algún ser vivo me quiera!
[Mary W. Shelley, Frankenstein, orig. de 1818, edición de 2002, Ediciones Rueda, Madrid, p. 114-115]

cecilia 24 May 09
09:16 PM
al leer este deseo de Franki pensé en los “mercados matrimoniales” abiertamente y elegantemente maquillados otros…sino hay algo de eso respecto de lo “horrible” como idea más allá de Franki
…este Franki entre un “allí y un aquí” no geográfico, sin embargo, nos devuelve a repensar las metáforas de las rupturas en los tránsitos como nos sentimos…porque su tránsito y mosntruosidad, no serán por la asuencia de duelo?
Luis Encinas 26 May 09
11:33 AM
Lo que intento, con estos retablos literarios, es representar la ‘identidad posmoderna’. Vaya usted a saber qué rayos significa la expresión de marras, a mí me remite a un conjunto de rasgos que distinguen a los individuos de nuestra época: lo híbrido, lo contingente, lo fragmentario.
Defiendo, además, que estos rasgos se prefiguran en el siglo XIX, a partir del movimiento romántico. Y desde entonces lo único que hemos hecho es tirar de ahí, conceptualmente la posmodernidad no ha inventado nada. Aturdidos por la revolución tecnológica, nos hemos dedicado a deformar y exagerar, en una especie de ‘manierismo telemático’ (¡toma, he creado un concepto!).
Frankie se siente diferente al resto del mundo, detesta a su creador y únicamente busca ser querido por alguien que comparta su destino desgraciado. No hay metáfora, es una lectura exacta del alma de cada uno de nosotros.